No es sorpresa el hecho
de que a poco más de un año y medio de que Bachelet haya asumido el cargo de
Presidente de la República, hoy ya tenemos establecidos los primeros indicios
de que la nueva mayoría ha cumplido con las expectativas: si, ha cumplido,
porque todos sabíamos cómo sería la situación chilena en caso de que la
izquierda volviera al poder. Bastaba con ver la realidad latinoamericana y lo
que ocurría (y ocurre actualmente) en los países de la zona para saber que con
un gobierno izquierdista-revolucionario que se nombra ¨progresista¨ para llegar
a las masas comenzaría la auto destrucción de Chile, un gobierno elegido por
unos pocos y permitido de elegir por muchos. Y me refiero a que éste permiso de
ser elegido fue otorgado por muchas personas, entre las que se encuentran en
primera fila aquellos que no asistieron a votar, destacando la juventud
chilena, actualmente una juventud de estudiantes y adultos jóvenes primerizos en el
ámbito del trabajo que a pesar de estar en contra del programa de Bachelet no
acudieron el día que correspondía a votar para las elecciones presidenciales
por el hecho de ¨no identificarse con nadie¨ o por el hecho de que ¨de todas
maneras Bachelet será elegida¨, tomando una actitud de ¨típico chileno¨ (al más
puro estilo de Coco Legrand), una actitud irresponsable. Actitud fomentada por
el hecho de mantenerse más cómodos desde sus casas durante un lapso de una hora
y media, llevada a cabo por una juventud chilena que en aquel entonces y debido
a ese boom económico (el cual incluso potenció a muchas familias de éstos
otorgándoles beneficios y comodidades) creía que nada de lo que pudiese pasar
les afectaría, aquel boom que estuvo presente en Chile entre los años 2010 y 2014 y que correspondía
al período en que pasaban de escolares a estudiantes de educación superior, o de
estudiantes (escolares o secundarios) a trabajadores jóvenes, personas que
llegado el momento de elegir a un Presidente(a) sólo titubearon y se
escondieron, porque era prácticamente cosa de verdaderos adultos (porque muchos
jamás lo habían realizado antes), algo para verdaderos ciudadanos, por ende no
les interesó mantener las políticas e ideas de aquel gobierno que otorgaba progreso,
estabilidad y seguridad frente al futuro a Chile. Así, hoy podemos afirmar
dicha irresponsabilidad de la juventud frente al país porque, cuando no le queda
mucho para ingresar al mundo laboral, se comienzan a apreciar los primeros
efectos del gobierno de Bachelet en el mismo mercado laboral del que formarán
parte, con una cesantía creciente y una inversión en decadencia, quizás a
muchos no los cueste encontrar trabajo en un futuro cercano, pero hemos de ver
si existirá un mercado laboral con tanta oferta y variedad de sueldos como el
que existía en la época de estudiantes que los tenía tan tranquilos, un mercado
laboral que les permita una libre elección de trabajo y no una elección basada
en lo primero en que los aceptan motivados únicamente por el hecho de no ser
parte de los chilenos cesantes azotados por la inestabilidad laboral, para no
ser parte de esos trabajadores que piensan en el gran ¨es lo que hay nomás…¨. A
pesar de esto, el permiso a la izquierda para gobernar no fue sólo otorgado por
la juventud chilena, sino por quienes también lo permitieron: los sectores de derecha
o centroderecha que se encontraban en el gobierno representados por el ex
presidente Sebastián Piñera (2010-2014), que sin duda realizó una tarea
excelente en el ámbito económico, de verdadero desarrollo y progreso para el
país (aún asumiendo el cargo a días de haber ocurrido el quinto terremoto más
grande registrado en el mundo), pero que sin duda no supo tener un correcto
manejo político y visionario de lo que se venía: Piñera entonces, en un acto
populista, abrió la puerta para que volviera la izquierda con la implementación
del voto voluntario, y no es cualquier izquierda, es el retorno de una
izquierda mucho más ideologizada que durante todo el período de oposición trabajó
para formar en el país un contexto en que tenía lugar su propia propaganda
política (con fieles colaboradores tales como los medios de comunicación de
masa y el periodismo chileno) y el linchamiento hacia el gobierno de turno, sumado
de la ayuda generada por la tergiversación marxista y populista de la realidad
y los hechos bajo el lema de la ¨igualdad y justicia social¨, de ahí entonces,
el retorno de una izquierda mucho más ideologizada que llegó a tal punto de
unir a la democracia cristiana y el partido comunista en una coalición para
ostentar el poder, una izquierda mucho mas ideologizada debido al pánico
causado en dicho sector por el correcto manejo del país en un gobierno de
derecha o centro-derecha que en 4 años pudo poner a Chile de vuelta en los
mejores puestos de Latinoamérica, aquellos puestos que ni Chávez, ni Maduro ni
el socialismo venezolano pudieron ni podrán alcanzar a pesar de poseer parte de
los yacimientos petroleros más grandes del mundo. Aquellos puestos que le
otorgaban a Chile una economía que muchos países azotados por la crisis
financiera mundial hubiesen deseado tener, me refiero a los puestos que alcanzó
Chile como país en vía del desarrollo,
logrados a través del fomento y la promoción de la libertad de poder
elegir, el emprendimiento, el trabajo, el mérito propio y el respeto a la
propiedad privada, propios de un sistema que tanto odian los socialistas.
Y como era de esperar con
el retorno de ésta izquierda, los ejemplos a seguir que Bachelet sigue corresponden a países
completamente cegados por una ideología y por la máxima de que el estado
benefactor (una táctica empleada por la izquierda latinoamericana para llegar a
una dictadura socialista) es la respuesta a todos los ¨derechos sociales¨, tal
como son los casos de la Argentina de Cristina Fernández o el Brasil de Dilma
Rousseff, ¿coincidencia entonces el hecho de la inseguridad política de la
población frente a los gigantescos casos de corrupción en los gobiernos de las
tres mandatarias? ¿son solo una
coincidencia los bajos índices de aprobación de dichos gobiernos?. El caso es
que al igual que a dichas presidentas, a Bachelet y sus secuaces de la nueva mayoría
no les interesa el progreso, sólo les interesa hacer de éste gobierno un método
de implantación de un sistema políticamente rentable (como especifica Axel
Kaiser en su libro, La fatal ignorancia) que consiste en generar un excesivo
gasto público inventando ¨derechos sociales¨ e introduciéndolos en la mente de
las personas como la más nobles de las causas, causas tan nobles que los medios
para llegar a éstas no importan, llegando a justificar el hecho de pasar por
sobre las instituciones, el estado de derecho y las propias libertades personales de las personas, teniendo como objetivo final (disfrazado de justicia social) eliminar el sistema liberal o neoliberal
instaurado por el General Pinochet, aquel sistema que les duele haya sido
creado en Chile bajo el gobierno militar y que haya permitido que el país llegue
rápidamente a alcanzar prosperidad y verdadero progreso, teniendo en cuenta de
que en 17 años no se puede pasar de ser un país pobre con un 500% de inflación (donde se hacen filas de cuadras para adquirir un kilo de pan o una pasta de
dientes, algo así como lo que hoy vive Venezuela bajo la dictadura disfrazada
de democracia que encabeza Nicolás Maduro) a ser un país entre los grandes líderes mundiales en temas de desarrollo, aunque sí se pudo ubicar entre los líderes de latinoamerica en dichos ámbitos durante aquellos famosos años
80’, años en que debido incluso nuestro propio país llegó a ¨exportar¨ algunas formas de aplicación de dicho modelo a países azotados durante la crisis de ésa década (Estados Unidos e Inglaterra) debido a las disminuidas repercusiones (en comparación con el resto del mundo) que tuvo Chile durante aquella crisis. Pero hoy en 2015 la situación de Chile es muy diferente a la que se
vivía 30 años atrás. Con la caída en picada de la economía chilena propiciada
en gran parte por el sistema de reformas que ha comenzado a implementar el
gobierno, hoy los políticos de la nueva mayoría se refugian única y
exclusivamente en dos aspectos, uno de lo cuales corresponde a la misma excusa
utilizada en el primer gobierno de Bachelet: el contexto de una crisis
económica mundial (aprovechando las bajas de las bolsas extranjeras, especialmente
las asiáticas entre los meses Agosto – Septiembre), así como también en la baja
del precio del cobre, el que sin embargo, logra rebotar y otorga algo de tranquilidad
momentánea debido al aumento del precio del dólar. Y digo tranquilidad
momentánea ya que con la caída de las bolsas asiáticas, en especial la China el
negocio del cobre no logra ser la salvación al clima económico interno que
genera la reforma tributaria establecida por el gobierno, por el contrario, la
agudiza, generando menos ingreso para el país.

No hay comentarios:
Publicar un comentario